sábado, 21 de junio de 2014

Carta sin entregar: sentimientos faltos de esclarecer o develar.

Puebla de Zaragoza a 21 de Junio de 2014

Mi estimado:

¿Hasta qué punto es correcto y aceptable extrañarte ahora que te he arrancado de mí? Paso las noches más amargas al recordar la última vez que estuve entre tus brazos y tú en los míos, me cuesta creer que los pocos días que han pasado desde la última vez que sentí tu calor se sientan como una eternidad, me cuesta incluso creer que he tomado ya la decisión de que no estés presente en esta forma de vivir, donde no contaba que fueras quien me robara los suspiros y las noches, sino quien estaba ahí, sosteniéndome al borde del precipicio, quien estaba ahí diciéndome que todo iba a estar bien cuando yo me daba por vencida; no podría ser de otra manera, es así como más me duele tu vacío, es así como más te extraño y más te deseo a mi lado: diciendo que todo va a estar bien, cuidando nuevamente de mis sueños.

¿Cuánto tiempo ha pasado? He perdido la cuenta de los días, te fuiste de mis manos en un abrir y cerrar de ojos, te solté sin estar segura de que en verdad deseaba hacerlo, me quedé viendo cómo sucedía todo pensando que era lo mejor, y hoy no sé qué es lo mejor, hoy no sé si me mata más tenerte lejos o el mismo recorrido en laberinto al que estaba tan acostumbrada.

Duermo y no contigo todas las noches, me acuesto con un infinito vacío en mi pecho y mojo la almohada hasta que mi cuerpo se muere. Te encuentro entre un mundo de sombras, todo frío y distante, las risas de nuestro alrededor son los pinchazos que me alejan cada vez más de ti, de sentir que te tengo que perder a cada momento... como si no bastara conmigo misma. Haber decidido irme de tu vida y que tú te fueras de la mía me ha matado tanto como el aplastante dolor de las venas a punto de reventar junto con el corazón, me ha destrozado tanto que me he quedado en tu último abrazo, ahí, donde por un segundo no pasaba nada.

Pasaré otra noche infernal, dormiré otra vez con un fantasma, abrazaré a Mephisto para que me acompañe a tu encuentro, a tu doloroso encuentro para volver a perderte una y otra vez, para saber que te he perdido sin tenerte en mi, sin que fueras algo de mi, sin que nunca te haya tenido verdaderamente porque eras tú quien me tenía cuando así lo deseaba, tu voluntad era la mía, tu vida era la mía, yo era tuya y nada más, ni siquiera yo me tenía a mí misma.

¿Dónde te encuentro? ¿Dónde te pierdo? ¿Dónde estoy yo? ¿Dónde estamos? Déjame vivir en el pasado, en el verdadero pasado, donde nada duele, donde todo era posible, donde yo estaba más ciega que nunca, donde yo sólo quería seguirte y que me cuidaras. Déjame ahí y no temas, yo te sigo queriendo, en el pasado, en el tiempo que ya no existe, en el presente infernal, en el futuro incierto, en mis lágrimas y gritos... eso no cambiará. Fui yo quien hizo promesas a ambos sin decirlas, fui yo quien se dejó caer.

De aquí y al resto de mi existencia, tuya, Diana.
(y todos sus demás nombres)

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