Puebla de Zaragoza a 10 de junio de 2014
Mi estimado:
Era así como sucedían las cosas, es así como empezó todo, es así como Mayo te lo guardé, te lo dediqué y lo puse en la palma de tu mano. Así es como transcurren mis recuerdos ahora, en medio de la nada, en medio de mis sábanas olvidadas y una almohada que sigue llena de tu aroma.
Las tardes contigo siempre fueron complicidad y emoción, corriendo de un lado a otro, escapando de quién sabe qué, huyendo de los malos ojos para llegar a ti, a ti que estabas en un lugar con tu misterio a la vista.
Nunca dejaste de sonreírme, de quitarme el aliento, de escuchar todo cuanto tenía por decir y jamás dejaste de fascinarme en tus palabras. Te guardo las memorias de otros, te guardo cafés, las viejas letras, la vieja música y tus viejos años lejos de mi. No tiro nada a la basura, ni siquiera las últimas servilletas viejas y usadas, no tiro a la basura tus cartas ni las cuentas del teléfono, no echo a la basura todas las horas de sueño que regalábamos en medio de la madrugada sin asegurar que nos tendríamos, no tiro a la basura nada de lo que me has dejado.
Te tengo guardado, te conservo en donde no te pueda ver y en donde pueda sentir que te tengo, por los buenos momentos, por los buenos tragos, por los buenos besos y por el buen silencio que te tuve hasta el día de hoy.
Sólo puedo regresarte las fotos viejas, amarillas y quebradas, el resto es mío, mi memoria será suficiente para no olvidar tu cara de reliquia en medio de mis manos, llenas de problemas. No te regreso los momentos, no te regreso los años, me los quiero quedar, me quiero quedar con tu crueldad y tu dulzura, me quiero quedar con ambas partes de ti, me quiero quedar con ese ser sensato que me tomaba del brazo cuando me quebraba en medio del hielo, cuando reprochaba y rechazaba todo cuanto no me pareciera.
Y ahora, sólo vete, sólo déjame en paz, vete en la mejor forma que te apetezca, ahora, el fantasma soy yo, el extraño soy yo. Vete, deja que los años venideros estén libres de pesadillas, libres del miedo y el terror de habernos perdido antes de tenernos de verdad, la tristeza de estar frente a frente convertidos en piezas inertes del tablero de ajedrez.
Vete, que para extrañarte sólo necesito estar sola.
De aquí y al resto de mi existencia, tuya, Diana.
(y todos sus demás nombres)
No hay comentarios:
Publicar un comentario