Puebla de Zaragoza a 30 de Junio de 2014
Mi estimado:
Pocas horas han pasado desde una triste despedida, pocas horas han pasado desde que firmé el acuerdo de olvido para ambos. ¿Por qué habría de ignorarlo? Las horas se me iban entre la luz a media noche que entraba en mi ventana, en almohadas que absorben mis palabras, en estas cartas que no puedo entregarte. ¿Ya no estoy a salvo de ti? Regresé a un viejo jardín para perderme entre las letras de Werther, para no escuchar nada y ver sombras que no hacen daño, no precisaba que llegaras a donde asoman las lágrimas de quien te pidió que te marcharas. ¿Por qué no terminaste de irte?
Mis sábanas y las plumas que me sostienen en las noches saben cuánto me duelen las horas así, sin ti, sin mí, sin nada de lo bello que fue y no. No podría equivocarme al señalar que te he extrañado cuando más me siento al borde del abismo, añorando la mano que me sostenía cuando estaba a punto de caer. ¿Por qué? ¿Por qué? Sigo sin comprender la forma en que tu mirada caía sobre mí, en la cercanía de un cálido abrazo y esa demencia que nos dominó a ambos.
Acordamos el olvido que firmé, el olvido que te entregué y te pedí con el tiempo y la distancia, acordamos un olvido que aún no me regresa a vivir, acordamos un olvido que hoy pareció no existir. ¡¿Qué demonios?! Recuerda que me he ido, recuerda que te he pedido que me dejaras, que te fueras, recuerda el olvido de firmé, mi cabeza sólo se siente a estallar, el piso se quiebra bajo de mí... Es que tú en verdad sabes que tienes toda esa fuerza sobre mí, aún así, por favor, por favor, ten en cuenta que acordamos el olvido.
De aquí y al resto de mi existencia, tuya, Diana.
(y todos sus demás nombres)
Mi estimado:
Pocas horas han pasado desde una triste despedida, pocas horas han pasado desde que firmé el acuerdo de olvido para ambos. ¿Por qué habría de ignorarlo? Las horas se me iban entre la luz a media noche que entraba en mi ventana, en almohadas que absorben mis palabras, en estas cartas que no puedo entregarte. ¿Ya no estoy a salvo de ti? Regresé a un viejo jardín para perderme entre las letras de Werther, para no escuchar nada y ver sombras que no hacen daño, no precisaba que llegaras a donde asoman las lágrimas de quien te pidió que te marcharas. ¿Por qué no terminaste de irte?
Mis sábanas y las plumas que me sostienen en las noches saben cuánto me duelen las horas así, sin ti, sin mí, sin nada de lo bello que fue y no. No podría equivocarme al señalar que te he extrañado cuando más me siento al borde del abismo, añorando la mano que me sostenía cuando estaba a punto de caer. ¿Por qué? ¿Por qué? Sigo sin comprender la forma en que tu mirada caía sobre mí, en la cercanía de un cálido abrazo y esa demencia que nos dominó a ambos.
Acordamos el olvido que firmé, el olvido que te entregué y te pedí con el tiempo y la distancia, acordamos un olvido que aún no me regresa a vivir, acordamos un olvido que hoy pareció no existir. ¡¿Qué demonios?! Recuerda que me he ido, recuerda que te he pedido que me dejaras, que te fueras, recuerda el olvido de firmé, mi cabeza sólo se siente a estallar, el piso se quiebra bajo de mí... Es que tú en verdad sabes que tienes toda esa fuerza sobre mí, aún así, por favor, por favor, ten en cuenta que acordamos el olvido.
De aquí y al resto de mi existencia, tuya, Diana.
(y todos sus demás nombres)
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