sábado, 12 de julio de 2014

Caídas a media noche

Puebla de Zaragoza a 12 de julio de 2014
Mi estimado:
Esta última noche ha sido de esas en que la cabeza podría estallarle a alguien de tanto pensar y pensar. Lo que haya sido de mi día no importa mucho, es igual de apagado y miserable. En estos momentos siento tanto haberte hecho parte muy importante de mi día, se acabó el diario y especial confidente. Sí, sí me gustaba saber que contaba contigo cuanto más caprichosa podía comportarme.
A pesar del completo entendimiento de lo ya sucedido por aquellos días, no pasaba de una pequeña revolución a mordidas con la almohada y algunas sábanas incómodas. A partir de no sé dónde las pesadillas acerca de... han sido constantes... ¡Oh sí!, abril, abril hizo la presentación triunfal de semejantes torturas a nivel del subconsciente. Puedo asegurar que, hasta el día de hoy, el desvanecimiento de ambos en medio de la nada nunca me había visitado. Semejante sensación me ha dejado en una especie de letargo por el resto del día. Y sí.  Me veía  sentía desaparecer de una forma acelerada a comparación de estos últimos meses.
Caídas a media noche que me golpean sin avisar, que me sostienen y me sueltan en un mar profundo y congelado que busca despertarme. Son caídas que me recuerdan que vivo porque respiro y como, pero que señalan el escape de mi razón desde caluroso y húmedo abril. Abril que llegó como una flor en todo su esplendor y me fue arrebatada cuando apenas comenzaba a disfrutarla.
Mi querido fantasma, te llevaste el último pétalo de mi abril sin habérmelo pedido, sin al menos avisar, sólo te lo llevaste mientras caminabas sin mirar a dónde. Mi querido fantasma, guárdalo bien y no olvides que el primer pétalo se lleva un sueño profundo y etéreo. Me quedé con una única hoja, la que me acompaña en las caídas a media noche, que ahora sé, no me dejarán en paz

De aquí y al resto de mi existencia, tuya, Diana.
(y todos sus demás nombres)

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