lunes, 7 de julio de 2014

Duermo con un fantasma

Puebla de Zaragoza a 07 de julio de 2014

Mi estimado:

Siguen pasando por mí las horas y los días interminables, a veces parece como si estuviera en pequeñas pesadillas dentro de otras y así sucesivamente. No encuentro la mejor respuesta a ello, puedo simplemente estar en medio de la nada con el terror que me produce tu aroma en la cercanía o lejanía. Cada vez que despierto es el horror de encontrarme con una almohada vacía, de que me duelan los cabellos y la piel, de que este frío me vaya cortando la carne todo el tiempo.

¿En verdad te gusta visitarme de esta forma? Nunca logro comprenderte, mi estimado, nunca logro saber por qué prefieres hacer esta clase de viajes nocturnos cuando estoy más vulnerable que nunca. Tal vez... tal vez porque no hay interrupciones a medio camino, ¿cierto? Puedes ir y venir tal y como te plazca, sabes que no habrá más que nuestra soledad aunque siempre me dejes a la sombra de mi incertidumbre.

Sigo creyendo que en verdad haces visitas nocturnas, no pasa un momento en que no perciba que estás ahí, a un paso de distancia, que siento tu aroma e incluso un ligero roce cuando pasas junto y te desvaneces. Duermo sintiendo ese par de brazos con un cierto calor familiar que no olvidaría después de aquella tarde de abril. Me asalta ese fantasma que es capaz de abrazar, de besar y alterar mis sentidos al remontarme a un día primero que me ha marcado en toda el alma como si se tratara de un árbol.

Duermo con un fantasma que es producto de mi imaginación o de mi locura, un fantasma que es tan cálido y frío como tus manos aunque sólo sea eso: un fantasma. Duermo cada noche con un gran hueco en mi cama, abrazando la nada, añorando nuestros ayeres que fueron y no, mordiendo el almohadón que reprime mis reproches. Y cuando la madrugada magulla mi cuerpo junto con las pesadillas, es cuando el fantasma llega a abrazarme ante el terrible vértigo que experimento al verte en la cercanía deseada y no y sentirte en la lejanía que cada vez es más y más y lacera mis sentidos.

Duermo con tu fantasma, duermo con tu rostro y tu aroma desvaído mientras tú viajas al viejo país de las Maravillas, donde todo lo tengo que perder, donde siempre te tengo que perder.

De aquí y al resto de mi existencia, tuya, Diana.
(y todos sus demás nombres)

No hay comentarios:

Publicar un comentario