martes, 8 de julio de 2014

Sostenías una mano.

Puebla de Zaragoza a 08 de julio de 2014

Mi estimado:

Pareciese que ningún momento del año parece el indicado para despedirse, los días fechados cambian de color de un año a otro cuando prometían ser así por largo tiempo, un verano pasado alguien sostenía mi mano cuando el piso se quebraba, cuando el mundo temblaba para tragarme y ningún tipo de luz me mostraba la salida que esperaba. Perder el sostén de la cordura es más complicado de lo que parece.

Un bosque entero se quema a mi alrededor, no puedo ni siquiera levantar los brazos, el calor busca consumirme ante esta soledad con la que no puedo pelear, miro cómo lentamente mi alrededor comienza a perecer junto con mi propia decadencia que, tarde o temprano, me acabará. No hay luz en este momento, el cielo se emsombrece con el humo de tan miserable culminación.

No escucho nada, probablemente no haya nada que escuchar, no creo que tus pasos hagan ruido cuando me encuentro en el fondo, en realidad no creo que tus pies se encuentren en medio de esta nada que perece y me hace perecer. Se me comen los sentidos, me ha abandonado todo rastro de vida aparente en este suelo lúgubre, un vegetal podría tener más vida que yo.

Cierro los ojos sin distinguir la oscuridad de mi alrededor con la de mi mente. Me aparto del mundo, del fuego que busca consumirme, me aparto incluso de mí misma. Sigo con los ojos cerrados y lo único en lo que puedo pensar es en tu respiración al otro lado de la línea, sin saber qué decir y sin que fuera necesario que lo hicieras. Sigo escuchándote en el silencio más abrazador que pudiera imaginar cualquier persona, ese silencio que me bastaba y era la mano que me mantenía de este lado del mundo, retardando la llegada de mi escencia a Nunca Jamás.

Estoy en medio de una nada, respiro odio y exhalo dolor, la escencia de quien sonreía se fue a Nunca Jamás, dejando aquí uno proyecto de carne y hueso que se sirve de baterías para trabajar en aquello que llaman "vivir". Y sí, al menos de esta manera es como se puede volver de Nunca Jamás, aunque sea con los brazos descubiertos, aunque tarde la mitad de una pequeña eternidad... sólo no hables y sigue respirando hasta que el teléfono muera.

De aquí y al resto de mi existencia, tuya, Diana.
(y todos sus demás nombres)

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